El tranvía 581. Lisboa

Humero y nubes. Analogía nube-humo...  Casabermeja (Málaga)

Charlando en el parque. Lisboa

El baño. Maro (Málaga)

A veces la niebla y la mar se funden, y la línea del horizonte se convierte en un espacio difuso en el que aire y agua parecen hacerse uno, y casi podemos imaginar que alguien que nadara mar adentro terminaría flotando en la niebla, volando al nadar, o mojándose al volar.

Los tópicos turísticos de Málaga presentan habitualmente su costa con un mar soleado y azul, plano y benevolente. Sin embargo nuestro Mar de Alborán presenta con más frecuencia de la que se piensa jornadas de temporal y mar gruesa que sorprenderían a aquellos que solo nos visitan unos días en verano.
Un ejemplo de ello es el naufragio que se produjo el 16 de diciembre de 1900 en el mismo puerto de Málaga. La fragata alemana «Gneisenau» no pudo soportar los embates del temporal que en aquella jornada, como en tantas otras ocasiones, se precipitó sobre la costa. Ya al alba las autoridades de la ciudad avisaron al comandante de la embarcación de que fondear fuera del puerto sería peligroso, y le sugirieron hacerlo dentro, protegiéndose del viento y las fuertes olas del temporal de levante. El comandante declinó la invitación, y echó anclas en la bahía. A media mañana las olas rompieron las cadenas de las anclas, el barco se estrelló contra el dique de ese lado del puerto, el de levante, y el temporal siguió castigando a la tripulación haciendo que los botes donde intentaban llegar a tierra zozobraran o se estrellaran contra las escolleras del puerto. Muchos malagueños, conociendo la gravedad de la situación, acudieron a socorrerlos, con barcas y cuerdas que lanzaron desde el propio dique de Levante, puesto que el barco acabó hundiéndose a pocos metros de tierra, pero no por ello el salvamento fué fácil. Murieron 41 personas, entre ellas el comandante de la nave y 12 malagueños que perecieron intentando salvar a aquellos desconocidos que eran tragados por el mar ante su mirada y a pocos metros de tierra firme. Teniendo en cuenta que la tripulación estaba formada por 470 hombres, la tragedia se minimizó bastante gracias a esa rápida actuación por parte de malagueños que pusieron en riesgo su vida, e incluso la perdieron, por ayudar a aquellos militares alemanes. Desde entonces Málaga tiene el honor de incluir en su escudo el título de «Muy hospitalaria», concedido por la regente María Cristina en nombre de su hijo Alfonso XIII en reconocimiento al valor y el altruismo que derrocharon en aquella jornada donde el mar mediterráneo, una vez más, dejó de ser tranquilo y amable para convertirse en peligroso y traicionero.
Aún hoy todo malagueño, desde que es niño, sabe que los días de «levante» hay que extremar la precaución al bañarse en el mar, o mejor aún, dejarlo para otro día.
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